domingo, 21 de junio de 2009

No a la Pena de Muerte

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domingo, 14 de junio de 2009

Pena de Muerte

La Pena de Muerte es un tema muy polémico y difícil de encarar, pues para su abordaje hay que tomar en cuenta múltiples factores y no se puede arribar a conclusiones certeras y definitivas.
En primer lugar, hay que tomar en cuenta a los delincuentes con psicopatías graves, acusados de violaciones y asesinatos en serie. Estas personas no tienen posibilidad de recuperación, pues su patología va más allá de una cura posible y es la sociedad, receptora de sus delitos más aberrantes.
Un psicópata es una especie de monstruo que goza con el sufrimiento ajeno y no tiene cabida en una sociedad normal. Ni el sistema carcelario, ni los hospitales psiquiátricos tienen la capacidad para contener a este tipo de enfermos y sobre todo no poseen la seguridad adecuada para prevenir fugas, que causarían consecuencias directas sobre personas inocentes. En estos casos, la Pena de Muerte, se presenta como una posibilidad cercana y su análisis se actualiza ante la falta de recursos y respuestas del sistema carcelario y hospitalario.
En segundo lugar se considera, en los países donde aún no se ha establecido esta Pena Máxima, aplicarla a los narcotraficantes, estableciendo la posesión de una cantidad determinada de droga, como detonante del delito y de la condena. Muchos descartan la Pena de Muerte ante la posibilidad de errores en el establecimiento de la culpabilidad de personas involucradas en delitos de narcotráfico. La muerte de un sólo inocente no justificaría el Castigo Final.
En tercer lugar están los que abogan por castigar con la Muerte a los presos políticos acusados de crímenes de guerra u otras hierbas. Esto parece ser descartado muchas veces por la subjetividad de la acusación y por la imposibilidad de comprobaciones concretas ante la justicia y la sociedad toda.
Por último están los casos de homicidas y violadores sin patologías psicópatas y casos particulares de homicidio en primero, segundo y tercer grado.
Establecer en cualquiera de estos casos una Pena de Muerte se hace complejo, pues hay que analizar factores múltiples tanto en la personalidad del acusado como en las circunstancias que lo llevaron a dicho crimen. En los países donde se aplica este Castigo Definitivo hay un margen de error donde inocentes pagaron por culpables.
Arribar a una conclusión que absorba todos los casos es imposible. Ante esto, varios sectores de la sociedad hacen saber su opinión. La Iglesia se opone: "No Matarás". Las asociaciones de Derechos Humanos también están en contra de este castigo. Pero si tomamos en cuenta a la familia de las víctimas sería "ojo por ojo y diente por diente".
Lo cierto es que no podemos hacer justicia por mano propia pues para eso están los abogados, jueces y todo un sistema judicial que debe funcionar en cada caso.
No sé si aplicar una Pena de Muerte es justo, pero lo que sí sé, es que para condenar hay que investigar a fondo los hechos y estar totalmente seguros de que ese ser humano que acusamos es culpable. Sí, sé que las cosas no son simples y que la justicia es lenta y desconfiamos de su veracidad. Pero ojo, antes de matar a un "supuesto asesino" hay que agotar otras posibilidades.
Hoy, ante la inseguridad que se vive, creo que una gran mayoría aboga por esta Pena. El problema es la dificultad que se presenta en todos los niveles y sectores del sistema judicial.
Al no estar seguros del buen funcionamiento en un sistema de justicia, no podemos cambiar rotundamente las cosas y aplicar "Pena de Muerte".
Creo que para estar a favor de este castigo no deberíamos estar tan inseguros respecto de tantas cosas, pues si no creemos en los abogados, ni en los jueces, ni en la justicia en general, ¿cómo entonces pensamos que sería justa esta Máxima Sentencia?. Si atravesáramos una etapa social donde la confianza en las instituciones retornara de manera concreta, se podrían instrumentar cambios que de forma definitiva apuntaran a disminuir el delito.
No es factible que en una sociedad donde el imaginario es que" la justicia no existe" pensemos que podemos aplicar la Pena Final. Dicho castigo en todo caso sería injusto por la falta de certezas.
En Suma, puedo agregar que la Pena de Muerte no es una opción en un sistema y un país donde reine la desconfianza, la injusticia, la decadencia institucional y el desprestigio de las autoridades públicas. También es cierto y se ha demostrado que en los países donde se aplica esta pena, no ha disminuido el delito y se analizan diversos factores en la incidencia de los mismos.
Cuando en una sociedad se reestructuran cuestiones necesarias para el funcionamiento normal de la misma y en la comprobación de los cambios se evidencian resultados positivos, es entonces factible incluir otros cambios graduales en el tiempo y con las circunstancias adecuadas.
La Pena de muerte no me parece una solución ante los delitos ni una cura social inmediata para la inseguridad diaria. En todo caso deberíamos analizar en profundidad elementos sociales que existen y son determinantes de delitos clave.
La polémica ha sido establecida y es necesario plantear diversas cuestiones que sin arribar a conclusiones definitivas, sirven para entender un poco más la necesidad de hablar de este Castigo Máximo, sin aplicarlo y sin pensarlo como una solución absoluta.

sábado, 6 de junio de 2009

Monólogo de Segismundo en el Castillo (de la obra: "La Vida es Sueño")

Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

(Este es el soliloquio más famoso del drama español;
ocurre al final del primer acto, cuando Segismundo
piensa en la vida y en su suerte.)